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Celia Sánchez Manduley, una leyenda en la historia de Cuba

San Luis, Santiago de Cuba, may. 9, 26.- Su figura delgada, el trato amable, vestuario sencillo, muchas veces con cómodas alpargatas y manejando ella misma un pequeño jeep plástico sin escolta, hacían difícil asociarla con la heroína de la República de Cuba y una de las figuras imprescindibles de la Revolución. Hablo de Celia Sánchez Manduley, o simplemente Celia.

Siempre está presente cuando se dice Revolución. Aquí anda, junto con los trabajadores y campesinos, con su mariposa en el pelo y su dulce sonrisa.

Cómo resumir la vida de la fiel compañera de Fidel Castro en la Sierra y en el llano, la eficaz organizadora que lo mismo cocinaba, decoraba un apartamento, que atendía a los más humildes.

Así de grande era su corazón, donde reinaba la justicia y una bondad infinita, sin omitir los detalles que todavía la engrandecen a pesar de los años de ausencia. En una carta enviada por la comandancia guerrillera de la Sierra Maestra a Frank País se patentizó el papel vital de Celia durante la guerra cuando escribieron: “cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David (Frank País) y Norma (Celia Sánchez)”.

Por su labor multifacética, su valentía a toda prueba, fidelidad a Fidel y a la Revolución, modestia, sencillez, trabajo sin descanso y eficiencia, es conocida como La flor autóctona de la Revolución y una de sus figuras imprescindibles.

Y por muchos esfuerzos que realizemos se nos hace imposbible describir a ciencia cierta a la Heroína, a la delicada flor, a la mujer sencilla y guerrillera, que se entregó totalmente a la Patria.

Y es que Celia, como las mariposas, sigue hechizando, y ya son leyendas excepcionales sus historias de abnegación y apoyo desinteresado a la Revolución cubana.

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