{"id":9778,"date":"2024-11-25T11:49:50","date_gmt":"2024-11-25T11:49:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiomajaguabo.icrt.cu\/?p=9778"},"modified":"2024-11-25T11:49:50","modified_gmt":"2024-11-25T11:49:50","slug":"fidel-el-hombre-que-apenas-dormia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiomajaguabo.icrt.cu\/?p=9778","title":{"rendered":"Fidel, el hombre que apenas dorm\u00eda"},"content":{"rendered":"<div>Aquella madrugada de julio de 1953 su reloj se atras\u00f3 a solo horas de atacar la segunda fortaleza militar del pa\u00eds. Apuros, tensiones, urgencias\u2026 y desde entonces el tiempo se convirti\u00f3 en su enemigo. Despu\u00e9s de eso no se confi\u00f3 m\u00e1s del mecanismo de un solo artilugio y decidi\u00f3 llevar dos relojes en su mu\u00f1eca, pues ten\u00eda que \u00abestar seguro de que contaba con la hora exacta en cada momento\u00bb.<\/div>\n<div>\n<p><strong>Por: <\/strong><span class=\"extraauthor\">Yunet L\u00f3pez Ricardo<\/span><\/p>\n<p>Atento al paso de seis manecillas se le ve en algunas de las fotos de la guerra o en otras luego del triunfo de 1959, sin embargo, cuando estaba en medio de una batalla pol\u00edtica, buscando soluciones a los problemas del pa\u00eds, o en alguna de sus justas conspiraciones, olvidaba los horarios y, en su despacho de gruesas cortinas y paredes de ladrillo, dif\u00edcil resultaba saber si era de d\u00eda o de noche, pues el tiempo perd\u00eda el combate y estaba subordinado a la voluntad de un hombre que casi no dorm\u00eda, que ten\u00eda en s\u00ed la energ\u00eda de las tormentas, la resistencia del cedro y el don del liderazgo.<\/p>\n<p>Cuentan quienes lo conocieron que a <a href=\"http:\/\/www.cubadebate.cu\/etiqueta\/fidel-castro-ruz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Fidel<\/a> le bastaban unas pocas horas de sue\u00f1o para recuperar las fuerzas, que cuando otros ca\u00edan extenuados por el cansancio, \u00e9l a\u00fan estaba de pie, l\u00facido, que en momentos cruciales siempre ten\u00eda una respuesta ingeniosa, una estrategia pol\u00edtica, y que este \u00abguerrillero del tiempo\u00bb desarroll\u00f3 modos de hacer muy particulares y eficaces durante los casi 50 a\u00f1os que dirigi\u00f3 los destinos de Cuba.<\/p>\n<p>Llev\u00f3 una vida de insomnios y sacrificios en carrera perenne contra los minuteros; y por eso, entre sus luchas m\u00e1s duras estuvo la de alargar los d\u00edas para hacer m\u00e1s. El pol\u00edtico cubano Jorge Lezcano, un cubano noble y de hablar pausado que trabaj\u00f3 junto a \u00e9l durante a\u00f1os en distintas responsabilidades, dice que unas ocho horas a Fidel le alcanzaban como si fueran 12, porque ve\u00eda y hac\u00eda muchas cosas diferentes. \u00ab\u00c9l no le hizo perder tiempo a nadie, jam\u00e1s empez\u00f3 una Asamblea Nacional pasadas las 9:01 a. m. Sent\u00eda mucho respeto por el tiempo de las personas, era un enamorado de la disciplina, y por eso utilizaba tan bien sus minutos\u00bb.<\/p>\n<p>Refieren adem\u00e1s que no perd\u00eda ni las horas de vuelo hacia cualquier lugar, las invert\u00eda en prepararse para el evento al que asistir\u00eda, o en repasar alguna tem\u00e1tica de su inter\u00e9s. Precisamente, sobre c\u00f3mo organizar mejor su agenda, pod\u00eda hablar d\u00edas enteros \u00c1ngel Reigosa, quien fuera su director de protocolo durante 20 a\u00f1os, y por tanto un celoso guardi\u00e1n de su tiempo. Aseguraba que para el Jefe un minuto val\u00eda mucho, por eso \u00e9l siempre lo tuvo todo muy planificado, y aun as\u00ed, de vez en cuando recib\u00eda alg\u00fan rega\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00abAngelito, no me hagas perder un minuto, t\u00fa no sabes de lo que yo soy capaz de hacer en 60 segundos\u00bb, le alertaba. Un d\u00eda Fidel deb\u00eda recibir a unos visitantes en el Palacio de Convenciones y, cuando lleg\u00f3, los invitados a\u00fan no estaban.<\/p>\n<p>\u2014Angelito, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la gente?<\/p>\n<p>En ese momento sub\u00edan la escalera, pero ya el coraz\u00f3n del director de protocolo lat\u00eda tan fuerte como si le quisiera romper la camisa. En otras ocasiones, si Fidel estaba en una entrevista privada y detr\u00e1s ten\u00eda una actividad, como suced\u00eda casi siempre, \u00e9l coordinaba con su Seguridad Personal para entrar al sal\u00f3n, pues al verlo, el Comandante se percataba de que deb\u00eda finalizar.<\/p>\n<p>\u00abAl principio me dec\u00eda: \u201cNo me interrumpas, que ya estoy terminando\u201d. Pero despu\u00e9s cog\u00ed otro m\u00e9todo que fue efectivo. Llegaba silenciosamente, me pon\u00eda en una posici\u00f3n donde \u00e9l me viera y de inmediato me abr\u00eda y cerraba el saco, en se\u00f1al de que era momento de concluir. A veces \u00e9l les se\u00f1alaba a los invitados: \u201cMiren, ya quiere que terminemos, pero dame unos minutos, Angelito\u201d. Entonces yo sal\u00eda, pero si se demoraba mucho entraba de nuevo, repet\u00eda la misma operaci\u00f3n y \u00e9l dec\u00eda: \u201cBueno, ya hay que terminar\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda Fidel estaba hablando en el podio de un teatro, pero el tiempo transcurr\u00eda y Angelito no ten\u00eda c\u00f3mo hacerle saber que deb\u00eda acabar. \u00abSub\u00ed, me col\u00e9 por un balc\u00f3n que le quedaba cerca y empec\u00e9 a hacerle la se\u00f1a, pero no me ve\u00eda. Cuando me divis\u00f3 le dijo a la multitud: \u201cUstedes ven al que est\u00e1 en el balc\u00f3n, \u00e9l quiere que yo termine, pero todav\u00eda me falta un poco\u201d\u00bb. As\u00ed, atento a su itinerario estuvo Angelito Reigosa, el camag\u00fceyano decente asido al rigor de los minuteros, pues entend\u00eda que \u00abel tiempo de Fidel era sagrado\u00bb.<\/p>\n<p>De esa m\u00e1xima tambi\u00e9n saben todos en el Palacio de la Revoluci\u00f3n, un edificio majestuoso de paredes de piedra en el coraz\u00f3n de La Habana, donde radica el Gobierno cubano y el Comandante estableci\u00f3 su oficina desde 1965. All\u00ed las taqu\u00edgrafas aseguran que con \u00e9l todo era urgente, con premura, pero sin comprometer la precisi\u00f3n. \u00abImag\u00ednate que cuando trabaj\u00e1bamos en su despacho casi siempre \u00edbamos dos: una con la laptop y otra con la libreta de taquigraf\u00eda, para ser m\u00e1s \u00e1giles en las transcripciones\u00bb, recuerda Magali Lobato.<\/p>\n<p>Al concluir, como si llevaran un mensaje de vida o muerte, Fidel les dec\u00eda: \u00ab\u00a1A toda velocidad, muchachitas, a toda velocidad!\u00bb. Y sal\u00edan corriendo con la m\u00e1quina apretada al pecho por un pasillo de unos 60 metros hasta la oficina, revisaban y volv\u00edan a toda prisa para no perder ni un segundo. Entonces le le\u00edan y dejaban una copia de las ideas que antes \u00e9l les hab\u00eda dictado y ellas, con minuciosidad de artesanas, dejaron escritas. \u00abPero jam\u00e1s se quedaba as\u00ed, porque el Comandante buscaba expresarse de la manera m\u00e1s clara, de forma tal que cualquiera pudiese entenderlo. Yo le admiraba mucho esa cualidad, la que en un dirigente tiene un valor extraordinario. Y \u00e9l no era nada sofisticado, a pesar de que ten\u00eda un asombroso conocimiento del idioma\u00bb, dice Magali, habanera de voz c\u00e1lida como sus sentimientos.<\/p>\n<p>En esas estresantes jornadas de trabajo, casi infinitas, no hab\u00eda letra que no pasara por la vista de Fidel. A veces, buscando la exquisitez de cada rengl\u00f3n, hac\u00eda arreglos en los momentos finales y, seg\u00fan cuentan las taqu\u00edgrafas Hilda Castro, Mayda D\u00edaz y Magali, enviaban al peri\u00f3dico Granma hasta dos versiones, y en determinados momentos otra m\u00e1s con una \u00faltima rectificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sentado en su silla ante la mesa sobrada de documentos y lapiceros, o de pie, llev\u00e1ndose por la inspiraci\u00f3n en un andar pausado, e incluso hasta por tel\u00e9fono, les dictaba sus ideas. En ocasiones lo guiaban sus apuntes en una libreta peque\u00f1a de car\u00e1tula azul que dejaba ver tachaduras y precisiones en cada p\u00e1gina, como marcas de trabajo hasta lograr un p\u00e1rrafo limpio. Y cuando solo apoyado en su pensamiento constru\u00eda el discurso, sus botas andaban inquietas el piso con soladuras de barro. As\u00ed les hablaba a quienes, a pesar del paso de los a\u00f1os, nunca dejaron de ser para \u00e9l \u00ablas muchachitas\u00bb, y poco a poco, cada frase pasaba del aire al papel hasta completar las cuartillas.<\/p>\n<p>\u00abMira, y no com\u00eda nada, nada, hasta que no terminara, y nosotras tampoco, por supuesto. No me pod\u00eda levantar a no ser por una necesidad, porque, si \u00e9l no se levantaba\u2026 y eran horas y horas\u2026\u00bb, recuerda Magali.<\/p>\n<p>\u00abNo nos tom\u00e1bamos ni un vaso de agua, ni \u00e9l tampoco, ni un caf\u00e9, aunque fuera de madrugada. Pasaba el d\u00eda, la noche y era como si el tiempo se hubiese detenido. Pero cuando ya nos \u00edbamos dec\u00eda: \u201cUstedes no han comido nada tan tarde, antes de irse vayan y coman algo\u201d. Tuvo siempre ese detalle, pod\u00eda tener mil responsabilidades, pero no dejaba de preocuparse por c\u00f3mo nos encontr\u00e1bamos\u00bb, dice Mayda con su acento y sencillez de guajira buena.<\/p>\n<p>Estaban junto a un hombre, seg\u00fan ellas, perceptivo e incansable. Aunque terminaban a las 4 o 5 de la ma\u00f1ana, y les ped\u00eda que se fueran a descansar y volvieran al mediod\u00eda, cuando ellas regresaban ya \u00e9l estaba all\u00ed, porque si ten\u00eda alg\u00fan trabajo entre manos, no reposaba, lo asum\u00eda como una ofensiva m\u00e1s, y Fidel no cre\u00eda en retiradas sin victoria.<\/p>\n<h3>El pueblo; La energ\u00eda que lo impulsaba<\/h3>\n<div id=\"attachment_1902179\" class=\"wp-caption alignnone size-full wp-image-1902179\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1902179\" src=\"http:\/\/media.cubadebate.cu\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/fidel-pueblo.png\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"397\" \/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text\">El pueblo fue siempre el principal impulsor de todas sus luchas. Foto: Archivo Centro Fidel Castro Ruz.<\/p>\n<\/div>\n<p>Todos los sue\u00f1os que le faltaban por realizar, las obras por construir, los escritos por publicar o las dificultades por sortear, lo animaban de tal forma que Fidel combat\u00eda sin treguas. Eran otro tipo de batallas, pero \u00e9l las asum\u00eda con el mismo \u00edmpetu con que enfrent\u00f3 aquellas en las monta\u00f1as de Oriente a fines de la d\u00e9cada del 50. Podr\u00eda no ser ya el treinta\u00f1ero de esos a\u00f1os, pero a\u00fan calzaba sus botas de guerrillero y la lucha segu\u00eda siendo por el bienestar del pueblo.<\/p>\n<p>\u00abAl Comandante no hab\u00eda ser humano que le siguiera el ritmo, porque era muy intenso. Adem\u00e1s, \u00e9l ten\u00eda un principio de que no terminaba hasta que terminaba; o sea, eso que t\u00fa dices: \u201cBueno, ma\u00f1ana lo termino\u2026\u201d. No, no, acababa a la hora que fuese, pero despu\u00e9s uno notaba su satisfacci\u00f3n. Pod\u00edan ser la 1, 2, 3 de la madrugada y, en unas horas, al combate de nuevo. Claro, a veces el sue\u00f1o te rinde, \u00e9l se daba cuenta si hab\u00eda alguien dormido y dec\u00eda: \u201cMira, ya lo venci\u00f3 el sue\u00f1o\u201d. Esa capacidad de trabajo es \u00fanica, tiene que habernos ca\u00eddo de otro planeta porque yo creo que eso no es humano\u00bb, afirma Guillermo Ll\u00f3piz, ayudante y escolta.<\/p>\n<p>Por eso, el prestigioso pol\u00edtico y diplom\u00e1tico cubano Ricardo Alarc\u00f3n de Quesada insist\u00eda en que su \u00fanico defecto conocido era el de no saber hacer nada a medias, pues \u00abcuando Fidel se met\u00eda en algo, lo hac\u00eda de verdad, a fondo\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se acostumbr\u00f3 a trabajar los d\u00edas casi enteros, aprovechaba las tranquilidades y silencios de la noche, y cuando el cansancio somet\u00eda a muchos a su alrededor, \u00e9l estaba activo todav\u00eda. \u00abRecuerdo estar ah\u00ed sentado durante horas, cinco o seis; y ver a uno durmiendo, otro dando cabezazos, y \u00e9l, estoico ah\u00ed, sin moverse, trabaja y trabaja\u00bb, recuerda el Doctor en Ciencias Jur\u00eddicas Jos\u00e9 Luis Toledo Santander cuando evoca a ese Fidel de largos alientos y f\u00e9rrea voluntad.<\/p>\n<p>\u00abLa gente empezaba a bostezar y cuando cre\u00edan que estaba cansado, tomaba un segundo aire y entonces era m\u00e1s l\u00facido todav\u00eda, m\u00e1s inteligente, sus preguntas m\u00e1s agudas. Dif\u00edcil era verlo cansado. Adem\u00e1s, practicaba deportes, nadaba, cada vez que pod\u00eda iba a pescar, hac\u00eda ejercicios y se preparaba f\u00edsicamente. Pero es verdad eso que dicen, nadie pod\u00eda seguirlo en el trabajo. Era un hombre muy fuerte y caminar a su lado no resultaba f\u00e1cil. En muchos documentales se le ve con su marcha tremenda, y esa fortaleza quiz\u00e1 le ven\u00eda porque no se dejaba vencer\u00bb, asevera Lezcano.<\/p>\n<p>Aquellos pasos largos y agitados sobre los pisos de m\u00e1rmol en el Palacio eran los que sintieron los trillos y arroyitos de la Sierra, porque desde los tiempos de la guerrilla, como bien dice el Comandante Julio Camacho Aguilera, \u00abFidel era incansable y caminaba y caminaba y caminaba, subiendo lomas, dejando sin aire a quien lo segu\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas de viaje en la Caravana de la Victoria, desde Santiago hasta La Habana la primera semana de 1959, en medio de los afanes del triunfo, las batallas de fuego reci\u00e9n concluidas y las pol\u00edticas que no tendr\u00edan fin, no olvida la combatiente Georgina Leyva Pag\u00e1n, Gina, que Fidel no dorm\u00eda, \u00aby Celia me contaba un d\u00eda que, era tanto el agotamiento, que ella le trajo un vaso de leche y \u00e9l se fue para atr\u00e1s con el vaso, se le bot\u00f3 en la ropa; ella lo limpi\u00f3, recogi\u00f3 todo y \u00e9l se qued\u00f3 dormido\u00bb.<\/p>\n<p>Como si olvidase que era humano e ignorase la necesidad del cuerpo al descanso, desde esos tiempos Fidel vivi\u00f3 intensamente. \u00abDicen que era como Napole\u00f3n, que dorm\u00eda muy pocas horas y cargaba r\u00e1pido la bater\u00eda\u00bb, comenta el destacado economista Jos\u00e9 Luis Rodr\u00edguez, quien fue su colaborador durante 25 a\u00f1os y pudo comprobar que los d\u00edas para Fidel deb\u00edan tener m\u00e1s de 24 horas. La mayor\u00eda de las veces llegaba a su despacho sobre las 2 de la tarde y trabajaba en ocasiones hasta las 4 de la ma\u00f1ana. Dorm\u00eda un poco y ya a las 8 \u00abdespertaba fresco como una lechuga\u00bb, y comenzaba otra vez hasta la aurora del pr\u00f3ximo d\u00eda.<\/p>\n<p>Una de esas madrugadas, ya como a las 3 y luego de discutir varios asuntos, todos los que estaban con \u00e9l iban rumbo al ascensor. El cansancio era visible en la mayor\u00eda, ojeras, alg\u00fan que otro bostezo, y entonces Fidel le coment\u00f3 a Jos\u00e9 Luis que fuera pensando en un tema que pronto abordar\u00edan. \u00abNo, eso ya lo tenemos pensado\u00bb, le respondi\u00f3. El Comandante iba entrando al elevador, pero al escucharlo dijo: \u00abAh, ya t\u00fa lo tienes pensado, esp\u00e9rense un momento\u00bb. Y como si estuviese acabado de llegar, sin debilidades y sobrado de \u00e1nimos, regres\u00f3 a trabajar en ese tema hasta las 8 de la ma\u00f1ana. Fidel no estaba hecho para esperar, si pod\u00eda en ese instante, lo iba a hacer. Eran estos los momentos en que no exist\u00edan los relojes de su mu\u00f1eca; y la fuerza para seguir se la daban esas cosas que, a su parecer, a\u00fan no estaban hechas, las visiones que faltaban por concretarse. \u00abNo se pod\u00eda jugar al decirle algo as\u00ed, porque ah\u00ed mismo te compraba la idea y te embarcaste si no estabas preparado, por suerte yo sab\u00eda de lo que estaba hablando\u00bb, expresa Jos\u00e9 Luis.<\/p>\n<p>Osvaldo Mart\u00ednez, otro economista brillante que por d\u00e9cadas trabaj\u00f3 a su lado, recuerda que fue durante una visita a Ir\u00e1n cuando pudo notar la enorme capacidad de resistencia y autodisciplina del Comandante. \u00abDespu\u00e9s de un d\u00eda de ajetreo tremendo, de actividades constantes, me hizo llegar hasta la habitaci\u00f3n en la cual dorm\u00eda para repasar conmigo algunos datos, informaciones sobre econom\u00eda mundial con vistas a su posible utilizaci\u00f3n en el discurso que dar\u00eda a la ma\u00f1ana siguiente en la Universidad de Teher\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00bbAll\u00ed vi un rasgo, yo dir\u00eda, humano, \u00edntimo de Fidel, en el sentido de que era su habitaci\u00f3n, la cama donde iba a dormir, el piyama con el cual estaba vestido. \u00c9l se encontraba muy cansado, empez\u00f3 a tratar de elaborar conmigo esos temas, los ojos se le cerraban y, con una tenacidad, me dec\u00eda: \u201cNo, no, tengo que seguir\u201d. Y segu\u00eda y segu\u00eda. Fue as\u00ed hasta terminar, cuando sencillamente se rindi\u00f3, y yo, en silencio, de puntillas, me retir\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Asimismo, Abel Prieto, un cubano aut\u00e9ntico e intelectual de acertadas luces, cuando piensa en la fortaleza f\u00edsica de Fidel, asegura que \u00e9l pod\u00eda estar de pie todo el tiempo posible, y recuerda siempre una an\u00e9cdota que le contaba Armando Hart sobre una vez en que acompa\u00f1\u00f3 al Comandante a Chile, durante el Gobierno de Allende. \u00abFidel llevaba hablando, de pie, muchas horas, y hubo un momento en que Hart, quien en esa etapa no era un hombre de edad avanzada, era joven, se desplom\u00f3 en un butac\u00f3n. Entonces un edec\u00e1n, o alguien, le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfSe siente mal, ministro?\u00bb, a lo que \u00e9l le contest\u00f3: \u201cEs que yo soy un ser humano\u201d\u00bb.<\/p>\n<h3>Sus m\u00e9todos: Voluntad y sacrificio<\/h3>\n<p>Como escritas para una leyenda son su constancia y resistencia, pero nunca se trat\u00f3 de sortilegios o simples habladur\u00edas, Fidel era un hombre curtido en los renunciamientos, con una inmensa voluntad de hacer, de continuar, y por eso ten\u00eda la firmeza para imponerse al cansancio, aunque, como humano al fin, hubo instantes de considerable agotamiento. Testigo de algunos de esos fue Ram\u00f3n Dur\u00e1n Torres, jefe de Gastronom\u00eda del Palacio de la Revoluci\u00f3n por dos d\u00e9cadas, quien lo vio \u00abhasta tirar un pesta\u00f1azo, pero despu\u00e9s seguir el hilo de la reuni\u00f3n como si no hubiera pasado nada. Solo en una o dos ocasiones vi que entrecerraba los ojos, entonces yo iba y lo tocaba, o le hablaba al o\u00eddo para que despertara\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEse hombre no se quitaba las botas\u00bb, afirma uno de sus allegados de m\u00e1s confianza, Abraham Maciques, y al decirlo los ojos se le abren y las manos se le juntan, porque \u00e9l mismo lo vio en dis\u00edmiles oportunidades llegar al Palacio de Convenciones a las 10, las 11 de la noche, para reunirse con determinadas personas o delegaciones, y salir al d\u00eda siguiente a las 8 de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La escritora Katiuska Blanco, quien durante tantas horas convers\u00f3 con \u00e9l, tejiendo los hilos infinitos de su biograf\u00eda, ha dicho que el Comandante, para ciertas circunstancias, ten\u00eda sus m\u00e9todos; por ejemplo, calculaba en qu\u00e9 tiempo pod\u00eda leer una p\u00e1gina, cu\u00e1ntas en media hora, en tres, y as\u00ed qu\u00e9 cantidad de libros en una semana o en un a\u00f1o.<\/p>\n<p>Al periodista espa\u00f1ol Ignacio Ramonet, cuando le pregunt\u00f3 sobre su m\u00edtica barba, \u2014esa que le creci\u00f3 en la Sierra y no abandon\u00f3 por ser un s\u00edmbolo de su pueblo\u2014, le demostr\u00f3 con c\u00e1lculos sus beneficios: \u00ab(\u2026) la barba tiene una ventaja pr\u00e1ctica: uno no necesita afeitarse cada d\u00eda. Si multiplica usted los 15 minutos del afeitado diario por los d\u00edas del a\u00f1o, verificar\u00e1 que consagra casi 5 500 minutos a esa tarea. Como una jornada de trabajo de 8 horas representa 480 minutos, eso significa que, al no afeitarse, usted gana al a\u00f1o unos 10 d\u00edas que puede consagrar al trabajo, a la lectura, al deporte, a lo que quiera\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e9todos de c\u00e1lculo similares tambi\u00e9n apreci\u00f3 Alarc\u00f3n en Fidel, pues recordaba que meses antes de la VI Cumbre de los No Alineados, celebrada en septiembre de 1979, le expres\u00f3 con absoluta naturalidad:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa te das cuenta de que vamos a estar ocho d\u00edas sin dormir.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, Comandante, empiezan a llegar los jefes de Estado tal d\u00eda y\u2026<\/p>\n<p>\u2014Yo voy a bajar 10 libras de peso \u2014le dijo utilizando esa cifra exacta, pues desde ya estaba previendo lo que le ocurrir\u00eda y planificando c\u00f3mo estar en condiciones f\u00edsicas para enfrentarlo con conciencia, esfuerzo y deliberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese temple, robustez y tenacidad que lo singularizaban, determinaron su comportamiento durante todos los d\u00edas del evento, pues, seg\u00fan contaba Alarc\u00f3n, Fidel ejerci\u00f3 la presidencia de los No Alineados de una manera diferente a la de todos sus predecesores: nunca abandon\u00f3 la plenaria, en la que constantemente estaba hablando un mandatario. \u00abEs que, \u00bfc\u00f3mo usted pone a hablar a 150 oradores en tres d\u00edas de conferencia? La \u00fanica forma es que hablen ma\u00f1ana, tarde, noche y madrugada. Lo que nadie se sienta a escuchar a todo el mundo, pero Fidel s\u00ed. \u00c9l se dispar\u00f3 todos y cada uno de los discursos que se hicieron, nadie ha hecho eso nunca en la historia del No Alineamiento.<\/p>\n<p>\u00bbYo le dec\u00eda: \u201cPero por qu\u00e9 usted no se va, se tira un rato en la cama, aqu\u00ed se quedar\u00e1 el vicepresidente\u201d. No, jam\u00e1s entendi\u00f3 aquello. Ya casi terminando la \u00faltima sesi\u00f3n, me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Oye, la verdad es que estoy cansado, muy cansado.<\/p>\n<p>\u2014V\u00e1yase a descansar.<\/p>\n<p>\u00bbPero no, y me consult\u00f3 entonces:<\/p>\n<p>\u2014Oye, al final no hace falta que yo haga un discurso largo.<\/p>\n<p>\u2014Claro que no, algunas palabras ser\u00e1n suficientes.<\/p>\n<p>\u00bbE hizo un gran discurso. El evento finaliz\u00f3 y, cuando nos \u00edbamos me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Voy a despedir a Tito \u2014refiri\u00e9ndose al mariscal Josip Broz, Tito, presidente de la Yugoslavia de aquella \u00e9poca\u2014.<\/p>\n<p>\u00bbBueno, yo dej\u00e9 a Fidel Castro saliendo para all\u00e1 y este que est\u00e1 aqu\u00ed fue para su casa y sin quitarse la ropa, sin quitarse el polvo del camino, cay\u00f3 sobre la cama, rendido. Despert\u00e9 al mediod\u00eda, y cuando puse el noticiero, ah\u00ed estaba Fidel despidiendo a este, al otro\u2026 Mientras yo dorm\u00eda, el hombre que me hab\u00eda dicho horas antes que estaba muy cansado, ya no se ve\u00eda as\u00ed y andaba trabajando a\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c9l ten\u00eda esa capacidad incre\u00edble de renovar sus br\u00edos, sacar el \u00abextra\u00bb, porque \u00abtodo lo pensaba, lo calculaba, lo asum\u00eda. Era una combinaci\u00f3n de energ\u00eda y fuerza f\u00edsica con organizaci\u00f3n y sentido de responsabilidad\u00bb, analizaba Alarc\u00f3n, quien rememoraba tambi\u00e9n la alegr\u00eda de Fidel al decirle, luego de haber trabajado varias noches y madrugadas: \u00ab\u00a1Dorm\u00ed 20 minutos!\u00bb.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n un grupo de parlamentarios centroamericanos estaban de visita en Cuba y el Comandante acept\u00f3 recibirlos. Esa tarde noche de much\u00edsimo trabajo, en dos oportunidades le pregunt\u00f3 a Alarc\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ndo se van los centroamericanos?<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana en la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>A medianoche, volvi\u00f3 a reparar en ellos con una ins\u00f3lita pregunta:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde t\u00fa crees que est\u00e9n?<\/p>\n<p>\u2014Me imagino que deban estar en la casa de protocolo, durmiendo.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, av\u00edsales que vamos a ir para all\u00e1.<\/p>\n<p>\u00abY salimos. Yo fui en el carro de \u00e9l, y en el camino me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Oye, esto no tiene que ser mucho tiempo \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2014No, Comandante, que un jefe de Estado vaya a despedir a unos visitantes a su casa, con que est\u00e9 20 minutos con ellos, est\u00e1 bien\u00bb.<\/p>\n<p>Llegaron, y Tom\u00e1s Borge, el escritor y pol\u00edtico nicarag\u00fcense, junto a los dem\u00e1s, los esperaban en la puerta. Saludaron, entraron, \u00aby all\u00e1 va eso. Imag\u00ednate que ellos salieron corriendo de la casa para el aeropuerto, porque estaban ya a punto de que se les fuera el avi\u00f3n. Y yo sal\u00ed para mi casa dispuesto a hacer lo mismo que hice en la otra ocasi\u00f3n que cont\u00e9: tirarme en la cama, rendido. Pues lo hice, y al instante me llam\u00f3 una compa\u00f1era de Palacio, de la oficina de Fidel:<\/p>\n<p>\u2014\u00d3igame, Alarc\u00f3n, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el Comandante?<\/p>\n<p>\u2014Y yo qu\u00e9 s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 el Comandante. Nos separamos hace un rato, yo vine, me tir\u00e9 a dormir y me imagino que sea lo que est\u00e1 haciendo \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014No, est\u00e1 pidiendo un informe sobre el comercio con Espa\u00f1a y quiero estar segura a d\u00f3nde envi\u00e1rselo.<\/p>\n<p>\u2014Imag\u00ednate t\u00fa.<\/p>\n<p>\u00bbBueno, volv\u00ed para la cama y cuando me despert\u00e9 y puse el noticiero, titular: \u201cSe re\u00fane Fidel con un grupo de empresarios espa\u00f1oles\u201d. Estaba ah\u00ed, disertando sobre la econom\u00eda espa\u00f1ola, el comercio de Cuba con ese pa\u00eds, como si nada\u00bb, contaba con la misma sorpresa de aquel d\u00eda Alarc\u00f3n, y al preguntarse c\u00f3mo Fidel pod\u00eda trabajar tanto y dormir tan poco, reflexionaba sobre el hecho de que, desde su juventud, hizo mucho ejercicio f\u00edsico, y despu\u00e9s lo sigui\u00f3 haciendo siempre que pod\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed, en Palacio, yo he estado reunido con \u00e9l en su despacho en el tercer piso, y \u00e9l ha estado d\u00e1ndole la vuelta, caminando, mirando su reloj para medir el tiempo, y yo habl\u00e1ndole y \u00e9l sin dejar de moverse, porque no ten\u00eda otro momento, otra posibilidad de hacerlo, y a una hora ins\u00f3lita, medianoche\u00bb, dec\u00eda Alarc\u00f3n mientras sus dedos se mov\u00edan en el aire haciendo un c\u00edrculo imaginario, similar a aquellos recorridos del Comandante.<\/p>\n<p>\u00abSus m\u00e9todos de descanso parecen demasiado originales, y algunos no excluyen la conversaci\u00f3n. Una vez se despidi\u00f3 de una intensa sesi\u00f3n de trabajo casi a la medianoche, con signos visibles de agotamiento, y regres\u00f3 en la madrugada restablecido por completo despu\u00e9s de nadar dos horas\u00bb, relataba el c\u00e9lebre escritor colombiano Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez; y sobre eso tambi\u00e9n ha comentado el dirigente cubano C\u00e1ndido Palmero: \u00ab\u00e9l me dec\u00eda que dorm\u00eda cuando se tiraba en el agua a nadar, y mientras estaba ah\u00ed, descansaba. Nadando y so\u00f1ando, as\u00ed me lo contaba. La verdad es que me llevaba m\u00e1s de 20 a\u00f1os y me reventaba a m\u00ed y a los dem\u00e1s que trabaj\u00e1bamos junto a \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<h3>La resistencia del cedro<\/h3>\n<p>Fidel pasaba como los vientos, agit\u00e1ndolo todo. Muchos hablan de que desprend\u00eda una energ\u00eda intensa, casi m\u00edstica, pues su presencia era tan estimulante que contagiaba los \u00e1nimos y ahuyentaba los agotamientos. Esa sensaci\u00f3n la sinti\u00f3 muchas veces Enoyre, uno de los gastron\u00f3micos de Palacio, un hombre bueno con dones de poeta que dedic\u00f3 muchos de sus versos al Comandante, y recuerda que pod\u00eda llevar dos d\u00edas trabajando y no sentir el cansancio, \u00abporque estar hablando con \u00e9l, o participando con \u00e9l en alguna actividad, realmente le daba a uno mucha fuerza\u00bb.<\/p>\n<p>Lo cierto es que llevaba sobre sus hombros a un pa\u00eds, y por todas las responsabilidades y decisiones que conlleva la dif\u00edcil misi\u00f3n de guiar a un pueblo, se exigi\u00f3 siempre dar lo mejor de s\u00ed, buscar la perfecci\u00f3n no para alcanzar reconocimientos o por vanidad, sino porque ese era su compromiso con Cuba, eso esperaban de \u00e9l, y por ello no vacil\u00f3 en arrebatarle horas al sue\u00f1o, a la familia, e incluso hasta comprometer su salud. \u00abHac\u00eda sus comidas a deshora. Los que ten\u00edamos oportunidad se lo dec\u00edamos: \u201cComandante, por qu\u00e9 usted no come m\u00e1s temprano, tan tarde le hace da\u00f1o\u201d, pero \u00e9l dec\u00eda: \u201cEl problema es que, si como, me da sue\u00f1o y no puedo seguir trabajando, por eso tengo que comer al final\u201d. As\u00ed que desayunaba al mediod\u00eda, almorzaba en la tarde y cenaba en la madrugada. Eso fue as\u00ed durante muchos a\u00f1os, hubo ocasiones en que hizo la cena del d\u00eda anterior a las 7 de la ma\u00f1ana. \u00c9l lo hab\u00eda decidido y nadie pod\u00eda convencerlo de lo contrario\u00bb, dice Dur\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00abFidel era un estoico, \u00e9l ten\u00eda esa ra\u00edz estoica que tambi\u00e9n ten\u00eda Mart\u00ed, que ten\u00eda F\u00e9lix Varela, personas que se exig\u00edan mucho a s\u00ed mismas, y que, del mundo material, necesitaban muy poco (\u2026) No cog\u00eda vacaciones, no ten\u00eda un domingo, Fidel no ten\u00eda un d\u00eda de descanso\u00bb, asegura Abel Prieto.<\/p>\n<p>Aquel amanecer ya hab\u00eda clareado y todav\u00eda estaba en su despacho. Afuera, armado con sus pa\u00f1os aguardaba Ernesto, quien a mediados de 1968 viv\u00eda en el barrio de la calle 11, donde estaba el apartamento de Fidel, y era un beb\u00e9 de seis meses con serios problemas en la visi\u00f3n. Cuentan que Celia enseguida se preocup\u00f3, el Comandante tambi\u00e9n, y luego de varias gestiones y hasta un viaje a Madrid, lo operaron y el peque\u00f1o se recuper\u00f3. A trav\u00e9s de las vueltas y los caprichos de la vida, esos ojos que Fidel ayud\u00f3 a que pudieran mirar, son los que hace m\u00e1s de 25 a\u00f1os limpian con dedicaci\u00f3n de orfebre los libros, estatuillas y butacas en su despacho.<\/p>\n<p>\u00abEspera un momentico que el Jefe ya se va. Estuvo trabajando toda la noche\u00bb, le han dicho y \u00e9l no se asombra, como todos en el Palacio, est\u00e1 acostumbrado a que Fidel termine su jornada cuando otros la comienzan. \u00abO muchas veces me pas\u00f3 lo contrario, yo estaba limpiando y me dec\u00edan: \u201cDale r\u00e1pido, que el Jefe tiene una reuni\u00f3n dentro de unos minutos\u201d. Pod\u00eda llegar en cualquier momento\u00bb, asevera.<\/p>\n<p>As\u00ed fueron casi todas las madrugadas de Fidel, de desvelos, quehaceres impredecibles, imprevistos que obedec\u00edan el curso infinito de sus ideas, lluvia incesante de pensamiento, de volver una y otra vez sobre las dificultades hasta encontrar la soluci\u00f3n, y tras concluir el trabajo, las conversaciones o la atenci\u00f3n a alguna persona, seg\u00fan los recuerdos del sabio historiador Eusebio Leal, se pon\u00eda en pie, recorr\u00eda su despacho y, cuando tomaba el zambr\u00e1n para situ\u00e1rselo, una voz dec\u00eda: \u00ab\u00a1Se va!\u00bb, y entonces la escolta se movilizaba.<\/p>\n<div id=\"attachment_1902180\" class=\"wp-caption alignnone size-large wp-image-1902180\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-1902180\" src=\"http:\/\/media.cubadebate.cu\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/fidel-oficina-580x857.png\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" srcset=\"http:\/\/media.cubadebate.cu\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/fidel-oficina-580x857.png 580w,http:\/\/media.cubadebate.cu\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/fidel-oficina.png 732w\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"857\" \/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text\">Para el Comandante, cuando estaba en medio de una de sus justas conspiraciones, no exist\u00eda el tiempo. Foto: Archivo Cubaperiodistas.<\/p>\n<\/div>\n<p>Se retiraba, s\u00ed, pero quienes trabajaban junto a \u00e9l sab\u00edan que en breve pod\u00eda llamar para dar una orientaci\u00f3n, preguntar por algo y hasta regresar. Asimismo, much\u00edsimas veces, luego de m\u00e1s de 16 horas trabajando, no iba para su casa, sino a revisar algunas de las obras en construcci\u00f3n que hab\u00eda en La Habana a inicios de los 80, \u00abun policl\u00ednico, una escuela de ense\u00f1anza especial, una vivienda, un c\u00edrculo infantil, una f\u00e1brica&#8230; que siempre por la noche estaban trabajando, y all\u00ed se aparec\u00eda Fidel\u00bb, cuenta su colaborador Lezcano.<\/p>\n<p>\u00abComo no es un gobernante acad\u00e9mico atrincherado en sus oficinas, sino que va a buscar los problemas donde est\u00e9n, a cualquier hora se ve su autom\u00f3vil sigiloso, sin estruendos de motocicletas, desliz\u00e1ndose a\u00fan a altas horas de la madrugada por las avenidas desiertas de La Habana, o en una carretera apartada\u00bb. Cuando en 1988 Garc\u00eda M\u00e1rquez escribi\u00f3 estas l\u00edneas, hablaba tambi\u00e9n de los modos de hacer de Fidel en los a\u00f1os anteriores y dec\u00eda: \u00abSin contrariar los \u00edmpetus de la inspiraci\u00f3n, que son propios de su estilo, ha terminado por imponerse un cierto orden de vida. Antes pasaba de largo por noches y d\u00edas enteros, y dorm\u00eda a retazos, donde lo derribara el cansancio. Ahora trata de permitirse un m\u00ednimo de seis horas de buen sue\u00f1o, aunque ni \u00e9l mismo sabe a qu\u00e9 hora empezar\u00e1 a dormir cada d\u00eda. Seg\u00fan vayan las cosas, lo mismo puede ser a las 10 de la noche, que a las 7 de la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente\u00bb.<\/p>\n<p>En algunas de esas salidas de Palacio al alba, estuvo con \u00e9l su amigo Eusebio Leal. \u00abBajamos juntos aquel ascensor y luego me acompa\u00f1\u00f3 en su autom\u00f3vil hasta mi casa, siempre con aquel malet\u00edn que se situaba delante de \u00e9l cuando se sentaba en la Asamblea, cuando viajaba en un avi\u00f3n, o muy cercano en la m\u00e1quina. En el interior: lo necesario para combatir en una cuarta de tierra con todo lo posible; dentro de ese malet\u00edn hab\u00eda de todo. Me dejaba y despu\u00e9s se iba\u00bb.<\/p>\n<p>Corr\u00edan tal vez entonces unas pocas horas de sue\u00f1o y, cuando despertaba, junto al desayuno le llegaban las noticias, un paquete de cables clasificados que escrutaba en su casa y durante el viaje a Palacio, como para no perder ni un detalle de lo acontecido. As\u00ed, al llegar ya sab\u00eda todo sobre c\u00f3mo hab\u00eda amanecido el mundo, y una vez all\u00ed, en su despacho de gruesas cortinas y paredes de ladrillo, volv\u00eda a atender los asuntos del Estado, del pueblo\u2026 a olvidar los relojes, y el tiempo se declaraba perdedor ante la voluntad de aquel hombre que casi no dorm\u00eda, porque siempre llev\u00f3 en s\u00ed la energ\u00eda de las tormentas, la resistencia del cedro y el don del liderazgo.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella madrugada de julio de 1953 su reloj se atras\u00f3 a solo horas de atacar la segunda fortaleza militar del<\/p>\n<div class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_vertical_sharing heateor_sss_bottom_sharing' style='width:44px;left: -10px;top: 100px;-webkit-box-shadow:none;box-shadow:none;' ><div class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><a class=\"heateor_sss_amp heateor_sss_amp_facebook\" 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