Cuba evoca espíritu patriótico y revolucionario de Baraguá
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‘Las banderas de la Patria y de la verdadera Revolución, con independencia y con justicia social, fueron colocadas en su sitial más alto’, expresó Fidel Castro en el centenario de ese hecho.
La Protesta de Baraguá puso fin al Pacto del Zanjón, en el que España, tras 10 años de guerra, ofrecía el cese de las hostilidades sin una solución a la situación colonial que levantó en armas a los cubanos.
En la entrevista efectuada entre el jefe mambí y el general español Arsenio Martínez Campos, Maceo dejó claro que no podría haber en Cuba paz sin independencia ni abolición de la esclavitud, objetivos supremos por los que el pueblo cubano se había lanzado a la lucha armada.
El escenario era adverso para las ansias libertarias de esta nación antillana, pues la desunión, la dispersión y el caudillismo arrinconaron la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y llevaron a algunos a pactar la injusta paz, en momentos en que en el oriente y centro de la isla los mambises retomaban la lucha.
De acuerdo con historiadores, ni la soberbia inicial del representante español, ni las alabanzas al percibir la estatura moral del Titán de Bronce, pudieron condicionar el diálogo, que nunca fue concebido por Maceo como tal, sino como la oportunidad de ratificar la voluntad de los cubanos de continuar la guerra.
El encuentro no podría terminar de otra forma: ‘¿No nos entendemos?’, preguntó el español, ‘No nos entendemos’, replicó tajante Maceo.
Al proclamar su decisión irrevocable de combatir, el insigne revolucionario arrastró a jefes, oficiales y soldados e inspiró la lucha de generaciones posteriores.
Esos principios patrióticos y revolucionarios fueron enarbolados por Fidel Castro durante la última etapa de la lucha por la soberanía plena y ratificados en el juramento del 19 de febrero del 2000, cuando aseveró que Cuba sería un eterno Baraguá.
