Cumplir con la sociedad y con la Revolución es la misión de los profesores

San Luis, mar. 5, 20.- La cercanía del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, es justificación más que suficiente para escuchar historias de mujeres sanluiseras. Con ese ánimo, este reportero se acercó a la casa de María del Carmen Bertot Rizo, profesora retirada de Biología.

La intención de este trabajo era, en un inicio, dialogar con María del Carmen sobre sus años como educadora y metodóloga municipal de su asignatura, pero el relato de su experiencia como joven maestra, allá por los setenta, y de los dos llamados de Fidel Castro Ruz a los que acudió, me pareció digno de conocerse.

-¿Era muy joven cuando comenzó a impartir clases?

“Muchísimo. Desde los catorce años, en 1974, me incorporé a trabajar como profesora en la antigua Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) José Wilfredo Matiz, también conocida como Bungo-1. En aquella época Fidel hizo el llamado a los jóvenes para formar parte del segundo contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, y fue en respuesta a esa petición que enfrenté esa tarea. Fue difícil, porque en ese momento no tenía una idea clara de pedagogía, o didáctica. Por las mañanas impartía clases a cuatro grupos de noveno grado y por las tardes las recibía para terminar la formación como profesora. No era fácil, repito, porque en muchas ocasiones los alumnos eran mayores que yo, y había que imponerse con educación pero firmemente. Además, era un área rural muy complicada para el transporte, y en más de una oportunidad los traslados entre las escuelas tenían que hacerse a pie.”

-Hubo sacrificios, por supuesto…

“Los hubo: eran 25 días allá y cinco acá en la ciudad. Y los que estábamos allí éramos muchachos. Enfrentarse por primera vez a un aula, lejos de casa y en condiciones rurales es difícil incluso para los adultos. El frente de la escuela tenía casi 5 kilómetros, todo era tierra y los días de lluvia eran especialmente complicados. Sin embargo, el esfuerzo entre el estudio y la pedagogía era duro, pero también influyó en nuestra propia manera de enseñar. Cuando el estudiante ve como usted se sacrifica y trata de dar lo mejor de sí, lo respeta; y eso hicimos, empeñamos nuestra palabra, nos esforzamos y poco a poco nos ganamos el respeto de los estudiantes.”

-Muchos recuerdan a los internacionalistas cubanos que acudieron voluntariamente a luchar en la hermana nación de Angola. Pero hubo también muchos que viajaron allí, como usted, a enseñar…

“Viajé en 1981, como parte de un contingente de maestros y nuevamente por un llamado de la Revolución, hacia Angola. Allí estuve cerca de tres años en Uíge, una provincia al norte de Luanda. Impartí clases en las enseñanzas de Secundaria Básica y Preuniversitario, porque cuando llegamos hacían falta profesores. Por las mañanas en Secundaria, por la tarde en el Pre, y por las noches en la Facultad. Los docentes que estábamos allí trabajábamos todo el tiempo, aunque la principal dificultad era por supuesto el idioma. El parecido entre el español y el portugués ayudó, y la buena disposición de los angolanos para auxiliarnos también. Radiábamos además un programa en español, para los cubanos, en el que yo hacía guión y locución. Vivíamos todos los cubanos en un mismo edificio (médicos, constructores y maestros) y tratamos en lo posible de adaptarnos al ambiente de Angola.”

-En 1981 tenía usted 21 años, y decidió voluntariamente viajar a un país extranjero con esa edad…

“Cuando salí de Cuba incluso dejé un hijo acá, y siempre le eché menos, pero no importa si eres joven o viejo, hombre o mujer, la voluntad para cumplir con tu deber te hace enfrentar la tarea por muy difícil que sea. Cuando lo haces con honor, todo sale bien, más cuando cumplir con la sociedad, y con la Revolución es la misión de la labor de los profesores.”

Como María del Carmen Bertot Rizo hay muchas otras mujeres en San Luis. La voluntad, entrega y responsabilidad son valores de féminas sanluiseras que esta profesora, desde su modesta experiencia, ha logrado reflejar con claridad.

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