José Maceo Grajales, una centella de coraje
San Luis, sept. 24, 19.- Hablar de José Maceo en Cuba es referirse a un ícono de valentía, arrojo y tenacidad, José fue como la garantía de que todo saldría bien cuando él entraba al combate. Marchar diez pasos por delante de la vanguardia era su lema y lo cumplía siempre.
Muchos epítetos tuvieron varios jefes de la guerra de independencia pero “El León de Oriente” ha trascendido como símbolo que los habitantes de esta zona llevamos con orgullo. “El General José era todo verdad”, afirmaba el Generalísimo Máximo Gómez que lo conocía bien y lo quería mucho.
De José Maceo se ha dicho que era un hombre rudo y rústico, que gagueaba al hablar y que era zurdo, además, pero manejaba el revólver a la derecha, sin embargo, poco hemos dicho cuán impresionado quedó Martí cuando lo conoció, de su delicadeza en el trato, de sus profundos ideales, de su intolerancia hacia la injusticia como aquella vez que en un país vecino un fotógrafo se negó a tirarle una foto junto a su compañera alegando que ella era blanca y él negro y fue tan fuerte el golpe que le dio que los dientes rodaron por el piso.
Su admiración y amor infinito hacia su hermano Antonio demostrado aquella vez que se corrieron rumores de que el Titán iba a ser asesinado en Occidente y expresó: si a mi hermano Antonio le pasa algo no quedará un español vivo empezando por el Capitán General, su modestia, pues, cuando alguien trató de resaltar su valor, dijo que el más bravo de todos sus hermanos era Rafael, sin embargo, Antonio había dicho que si José hubiera estado en peralejo Martínez Campos no escapa.
Era jovial y presumido, desinteresado y sincero, y cuando se incomodaba, tartamudeaba. Era hombre noble, pero de disciplina férrea, de altos principios éticos y morales. Tenía gran sensibilidad musical, era muy sincero y daba alto sentido a la amistad, se preocupaba intensamente por la unidad dentro de las filas insurrectas, sentía amor y respeto por la familia y, en especial, por Mariana, su madre.
Muchas lápidas recuerdan a los mártires de la última etapa de la guerra de liberación. Por ejemplo, cuando otras tierras del mundo necesitaron el concurso de nuestro modesto esfuerzo, ahí estuvo El capitán San Luis, el mejor hombre de la guerrilla, Pachungo y luego 27 de nuestros mejores hermanos cayeron en tierras africanas, tenaces, pues aquí estamos pese a todas las dificultades.
José maceo es ese sanluisero de Majaguabo, que nació a un costado de aquella gran mata de mangos de corazón que aún se conserva después de más de 170 años, pero contextualizándolo es ese guajiro o citadino que usted ve a diario, de sonrisa fácil y poco hablar que como dijo el poeta “A todos los peligros enfrentarse, / siempre al resplandor de su machete, / siempre en el puesto primero de la sangre, / ¡era una roja punta de cuchillo! / ¡era una centella de coraje!…”..
