Una “revolución” educacional

San Luis, sept. 2, 19.- Mi abuela Mirtha estudió hasta el quinto grado porque sentía el deber de ayudar a su padre que era chofer de alquiler y siendo apenas una adolescente comenzó a trabajar en una fábrica de chocolates que existía en el San Luis de 1958. Allí recibía como sueldo los pocos centavos que el dueño decidiera.

Que niños, adolescentes y jóvenes asistan hoy a las escuelas nos resulta tan normal que meditar en que más de un millón de analfabetos había en la Cuba de 1953 parece innecesario. Pero  esa fue también una de las causas para que los jóvenes de la Generación del Centenario del Maestro asaltaran el santiaguero cuartel Moncada.

El líder de ese grupo, llamado Fidel Castro, en su alegato de autodefensa “La Historia me absolverá” define que uno de los 6 problemas fundamentales del país era el de la educación. En ese texto denunció la carencia de escuelas y, contradictoriamente, la existencia de muchas sin maestros.

Cuando triunfó la Revolución, Fidel, impulsó la campaña que hizo a Cuba el primer país libre de analfabetismo en América, la construcción de miles de escuelas, la formación de maestros y profesores, garantizó la gratuidad de la instrucción y el acceso de todos, sin distinción, a los diferentes niveles educativos.

San Luis contaba con pocas escuelas públicas, otras tantas privadas y una primaria superior, pero fue el primer municipio de la antigua provincia de Oriente en declararse libre de analfabetismo, mi abuela fue alfabetizadora y pudo alcanzar posteriormente el sexto y noveno grados.

Hoy miles asisten a los centros de las enseñanzas: preescolar, primaria, secundaria, preuniversitaria, técnica y profesional, y el universitario. Ella sabe que los cubanos gozamos, dada la persistencia del Fidel, de un privilegio que 800 millones no tienen en el mundo: el de la educación.

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