El nombre de Fidel

San Luis, ago. 13, 19.- En diciembre de 2016 la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la Ley sobre el uso del nombre y la figura de Fidel Castro Ruz, norma que, en consonancia con la voluntad del Comandante, prohíbe que se erijan bustos o estatuas, se nombren instituciones, plazas, avenidas y otros espacios públicos, así como cualquier tipo de condecoración, reconocimiento u otro título honorífico.

Fidel, a diferencia de algunos líderes del campo socialista y de los movimientos revolucionarios y progresistas del siglo XX, no promovió el culto a la personalidad. ¿Acaso alguna ciudad o sitio de la geografía cubana tuvo su nombre? ¿Acaso la reverencia a sus fotografías, que abundaban y abundan, fue obligatoria?

¿Ha sido necesario un proceso como el de desestanilización en la Unión Soviética de los años 50, o analizar sus aportes, en cuanto a aciertos y desaciertos, como lo hizo  el Partido Comunista de China luego de la muerte de  Mao Zedong en el 1976?

Por supuesto que no, porque Fidel Castro Ruz supo aprender de la historia y reconoció sus errores, como el de creer que sabía construir socialismo en los inicios de la revolución, confesión esta que hizo al periodista Ignacio Ramonet y que está disponible en el libro “Cien horas con Fidel”.

Quien tenía en el corazón las doctrinas del Maestro, fue el principal promotor del enaltecimiento que desde 1959 se le da a la pléyade de héroes y mártires cubanos.

Pueblos, calles, escuelas, centros laborales y muchos otros espacios tienen sus nombres, aunque no de los que están vivos.

Como el Comandante fue un hombre de pueblo, identificado plenamente con sus problemas y aspiraciones, siempre presente en medio de huracanes y sequías, orientando y explicando en los momentos de mayor tensión, el mejor homenaje se da como al del familiar que todos recuerdan y cuya posición de honor nadie puede profanar.

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