Poema de la Santa Ana
San Luis, ago. 2, 19.- El centenario del natalicio de José Martí y jóvenes seguidores de sus ideales marcaron el 26 de julio de 1953, la mañana de la Santa Ana.
No hubo mejores intérpretes de los ideales martianos que los osados asaltantes del Cuartel Moncada, convencidos de que había llegado la hora de estallar la carga para matar bribones y acabar la obra de las revoluciones, como entrevió en sus versos Rubén Martínez Villena.
“Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones; para vengar los muertos, que padecen ultraje, para limpiar la costra tenaz del coloniaje; para poder un día, con prestigio y razón, extirpar el Apéndice de la Constitución;… para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí;… para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres nos ganaron de pie”.
Esta fecha que devino para los cubanos Día de la Rebeldía Nacional, es una jornada de alegría, de recuerdo, y también de reconocimiento de cómo ha germinado entre los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe la semilla sembrada en el Moncada. De cuántos ejemplos perviven en la memoria del pueblo para andar tras sus huellas: Abel Santamaría, Boris Luis Santa Coloma, Mario Muñoz Monroy, José Luis Tassende, Renato Guitart, Melba Hernández y Haydée Santamaría, símbolos del estoicismo de las cubanas.
El plan de aquellos hijos e hijas iluminados, bajo la guía visionaria de Fidel Castro, era ocupar esas plazas militares y convocar a la insurrección popular, pero al ser fallida la acción militar, le siguió una cruenta represión contra los asaltantes, muchos de los cuales fueron asesinados tras su detención.
Cada vez que se acerca otro 26 de Julio y el aire de grandeza predomina en esta tierra rebelde, se recuerda con intensidad el gesto altruista de quienes encarnaron el pensamiento anticipador de José Martí de que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
Aquel aldabonazo sobrevino motor impulsor de la rebelión que triunfó el Primero de Enero, y comenzó una era de transformaciones, que no ha cesado, con profundas leyes de reforma agraria y urbana que democratizaron la propiedad y usufructo de la tierra y las viviendas, la Revolución.
